sábado, 8 de noviembre de 2008

año I nº I - septiembre 1999


Estamos vivos, seguimos vivos
Si dejáramos de creer en el futuro, el pasado dejaría
de ser nuestro pasado, se tornaría en el pasado de una civilización muerta.
Thomas S. Elliot
E n medio de esta crisis generalizada del fin del milenio, de las profecías de Nostradamus, de las profecías de los políticos de turno, de la globalización, de Internet, de la económia salvaje de los neoliberales, de la pobre relación entre los humanos y etc., etc,. etc., se nos revela qué, la poesía, la literatura, la música y toda expresión artística en general (con mayúsculas y minúusculas) están vivas. A pesar de todas las cuestiones y cuestionamientos y de todos los cuestionadores que pueden tener las nuevas letras, las nuevas músicas, las nuevas artes, esas están vivas. No hay que caminar mucho, no hay que recorrer la bohemia de una ciudad para encontrar a estos creadores que la habitan, la desangran, la violentan. Todas estas formas de arte, que enumeramos, están vivas porque aún estamos vivos.
Ingresamos a este nuevo milenio convencidos de que el arte no fue un desaparecido de las dictaduras pasadas, que no está en crisis por la globalización, que la política actual no la dividió para reinar, que no hay que ingresar a Internet para encontrarla, esta nos está esperando a la vuelta de la esquina, en cualquier recodo de cualquier ciudad, pueblo o aldea de este pobre planeta que habitamos.
Una pequeña demostración de esta cuestión, son la siguientes páginas que hoy están ante su vista. No cabe duda que el esfuerzo es mayor en estos tiempos que corren pero si es por el arte, el esfuerzo vale la pena, porque ese esfuerzo nos demuestra que seguimos vivos.
Claudio González Baeza
Buenos Aires 1999
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Rolando Revagliatti
Buenos Aires -Argentina
A Charles Bokowski


De las que continúan llegando
atravesadas por un suicidio
burilados escamoteos y demasiadas
traiciones


Llegando pensándose muertas
por emulación


Llegando con quienes se atiborran de signos arbitrarios
ante la magnitud
...........................del fiasco


Llegando con las putas a los puentes
bailando con las obligadas bailarinas


Llegando servidos por la guía de teléfonos
con sus esmeros de chistosos y desesperados


Llegando la piedad fraccionándose en volutas paranoicas
que a manchones imprimen en la atmósfera de las calles
las balas decisivas


Llegando retirándose con soberano
candor unos
y retirándose también
.......................................llegan
con camandulera fanfarronería
otros

Llegando del insomnio pétreos pero ávidos
cobrándoles a sus desapacibles viejos
en cuotas las vejaciones
infringidas pimpantemente en únicas entregas dedicadas

Llegando los que se irán
combinando el carajo con la dádiva así son
barridos amasijados
muchos con ayuda de las Autoridades
morfándose el ampuloso mondongo de la eternidad
sin plebeya sal
sin cubiertos
sin papilas.
A Paul Eluard
Resulta que lo escribo en argentino
y en el invierno de Buenos Aires, releyéndote
en mi casa, tomando mate
y comiendo bizcochos

Sucede que la evocación transcurre
también en bares del centro
de mi ciudad y en la periferia
de la dedicatoria se arraciman
perfiles emocionados

Resultado
de lo que escribo en argentino
sucede un tango
-¿o es milonga?-

Sobre La Rosa Pública y El Duro Deseo de Durar
escribo tu nombre.
Carne Trémula
El niño de los autobuses
por las noches
.......................desairado

viaja sobre ruedas
.............................sobre sus pasos

viaja sobre sus pasos
rememorando un polvo iniciático
dilapidado en la confusión

viaja sobre las noches desairadas
-será padre en un taxilas
cuales viajan
sobre las enormes acabadas que advendrán

El niño asustado, conturbado
asiste al transcurrir de las otras vidas
asiste incluso
.....................al transcurrir de la propia
A Jorge Leonidas Escudero
Estar, está
abundosa en su escepticismo
mi enamorada

¿Y que cómo no lo transmite?:
de cuerpo bien presente

Nos ven felices
Y nos creen

Que hay un goce, hay un goce.
Rolando Revagliatti nació en Buenos Aires en el año 1945. Ha colaborado en distintas publicaciones del país, como del extranjero. En la actualidad coordina, juntamente con Cristian de Nápoli y Ruben Del Grosso, el ciclo de poesía y prosa breve "Nicolás Olivari" en "El Aleph Café ", de esta Capital.
Los libros que ha publicado son los siguientes:

Dramaturgia:

Las piezas de un teatro - 1991

Narrativa :

Historias del amor - 1991
Muestra en prosa - 1994

Poesía :

Obras completas en verso hasta acá - 1988 - 2da. Edición - 1991
De mi mayor estigma (si mal no me equivoco) - 1993
Trompifai - 1997
¡Y dale con el cine! - 1998
Poemas de celuloide - 1998
Picado contrapicado -1998
Leo y escribo -1998
Ripio - 1999

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OJO POR OJO
Una vez más, como cada mañana, volví a recorrer la vieja galería de la estación para encontrar a mi ciego preferido. Para sentir su ruidosa caja mendicante, para dejarle mis cinco centavos metálicos como todas las mañanas. Con el tiempo comprendí que sólo lo hacía para escuchar el "gracias" de sus labios. Mas allá de lo miserable que podía resultar mi ofrenda, se instaló en mí la necesidad de paladear su alabanza y entendí que la palabra me llenaba de energía y poder para continuar, sin cuestionarme, los rituales cotidianos. El sentido de mi vida terminó resumiéndose en los preciosos cinco segundos posteriores a la caída de mi entrega. "Gracias señor" es gracia, poder, reverencia, clímax, gloria, seducción y jerarquía; y sólo por aquella moneda de cinco centavos.
Nadie pudo prever el diagnóstico del especialista; Resulté siendo el fracaso de los oftalmólogos cuando una degeneración de la retina comenzó a empequeñecer mi campo visual hasta quedar totalmente ciego. Ciego de luces, ciego de afectos y ciego de vida. Cambiaron mis palabras y mi ropa y soy yo el que reclama una moneda a unos pocos metros del ciego que solía frecuentar. Soy yo el que ha quedado tristemente mudo para escuchar la rutinaria limosna de un desconocido que todas las mañanas provoca en mi caja, su sonido de cinco centavos. Entonces resultan eternamente tortuosos aquellos quince segundos posteriores durante los cuales siento su presencia granítica e inmóvil y hasta puedo oler su respiración suplicante implorando mi devolución, implorando las gracias que nunca aprendí a sentir.
Gustavo Carmona - Buenos Aires 2 de mayo de 1993
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ESE ESTORBO QUE LLAMAN HUMANISMO
Hoy el humanismo es un concepto arqueológico, un montón de ruinas venerables, pero ruinas al fin, de las cuales no puede esperarse utilidad alguna. Sería como intentar restituirle su esplendor al Titanic. El humanismo se hundió en el tiempo y ni siquiera puede verse en la vitrina de un museo junto a las herramientas que usó el Renacimiento para echar por tierra a la Edad Media (la brújula, la imprenta de Gutemberg y otros añejos artefactos). Ni siquiera celebra cumpleaños como el descubrimiento de América o el nacimiento de Shakespeare. En resumen, es una herencia de algunos sabios miopes y harapientos.
Eso también sucede con los estudios de las Humanidades. Los graduados de sus muchas disciplinas parecen no tener confianza en su profesión. Transmitir el gusto por la Palabra y el Pensamiento, la maravilla del Alma, la Naturaleza y el Tiempo. La fascinación por la Historia o la ensoñación de las Artes, es terriblemente difícil, no entusiasma a nadie y no tiene valor alguno.
Relegados por el éxito económico y propagandístico de otras ocupaciones y actitudes (¿quién quiere ser un fracasado ?), el humanista parece más solitario y lejano que nunca, sudando teorías que nadie entiende, alimentando antigüedades y cocinando personajes y frases sin aplicaciones prácticas.
Pero la peor plaga es la de los humanistas sin titulo, los aficionados del corazón, los que todavía sueñan y se conmueven; los que poseen imaginación, fantasía y buenos sentimientos (vaya mezcla terrible).

Los humanistas, en resumen, somos los más miserables "obreros" del espíritu.
¿De que sirve viajar en globo con Julio Verne, suspirar con Romeo, jugar con los niños, vibrar con el Himno Nacional, o sobrecogerse ante un Van Gogh o una puesta de sol ? Si un Van Gogh no se vendiera en 20 millones de dólares valdría lo que Verne, Romeo o el mismísimo Padre Sol: Nada.
Un humanista es quien pone precio a la inutilidad, quien lucha a brazo partido porque los demás gocen sin costo alguno lo que millones y millones de seres que nos antecedieron crearon y creyeron. Humanista es el maestro que emociona a sus alumnos, el amigo de "mano franca", quien quiere al prójimo como a sí mismo y quien mira el rostro inmortal y contradictorio del universo con una sonrisa.
Los humanistas, esos defensores de causas perdidas, no obstante, han sido y serán quienes saben vencer en la difícil batalla del saber existir.
Omar Felipe Mauri - La Habana - Cuba
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CONCIENCIA E IDENTIDAD DE
AMÉRICA
por Alejo Carpentier

Los latinoamericanos de mi generación conocieron un raro destino que bastaría por sí solo, para diferenciarlos de los hombres de Europa: nacieron, crecieron, maduraron, en función del concreto armado. Mientras el hombre de Europa nacía, crecía, maduraba, entre piedras seculares, edificaciones viejas, apenas acrecidas o anacronizadas por alguna tímida innovación arquitectónica, el latinoamericano nacido en los albores de este siglo de prodigiosos inventos, mutaciones, revoluciones, abría los ojos en el ámbito de ciudades que, casi totalmente inmovilizadas desde los siglos XVII o XVIII, con un lentísimo aumento de población, empezaban a agigantarse, a extenderse, a alargarse, a elevarse, al ritmo de las mezcladoras de concreto. Parecida a La Habana de Humboldt era todavía la que transité en mi infancia; el México que visité en 1926 era, todavía, el de Porfirio Díaz; muy semejante aún a la Caracas que describió José Martí, fue la Caracas que conocí en 1945.
Y, de repente, he aquí que las amodorradas capitales nuestras se hacen ciudades de verdad (anárquicas en su desarrollo repentino, anárquicas en su trazado, excesivas, irrespetuosas, en su afán de demoler para reemplazar) y el hombre nuestro, consustanciado con la urbe, se nos hace hombreciudad, hombre-ciudad-delsiglo- XX valga decir: hombre- Historia-del-siglo-XX, dentro de poblaciones que rompen con sus viejos marcos tradicionales, pasan, en pocos años, por las más tremendas crisis de adolescencia y comienzan a afirmarse con características propias, aunque en atmósfera caótica y desaforada.
El latinoamericano vio surgir una nueva realidad en esta época, realidad en la que fue juez y parte, animador y protagonista, espectador atónito y actor de primer plano, testigo Y allí es donde se plantea el verdadero problema: ¿Con que actores habremos de contar? ¿Quienes serán esos actores? Y para empezar, ¿quien soy yo, qué papel seré capaz de desempeñar, y, más que nada, qué papel me toca desempeñar? Eterna revivencia del «conócete a ti mismo». Pero, de un «conócete a ti mismo» que se formula, por primera dificultad, en un mundo -el que circunda nuestras ambiciosas e irreverentes ciudades modernas- que, para decirlo francamente, conocíamos muy mal hasta ahora, y que sólo ahora (de pocos años a esta parte: medio siglo apenas) estamos empezando a calar en profundidad. Lejos quedaron los días en que los famosos y engreídos «científicos» de Porfirio Díaz, en fechas de conmemoración del centenario de la independencia mexicana, proclamaban intrépidamente que estaban despejados todos los enigmas de nuestro pasado precolombino. Lejos quedaron los días en que contemplábamos nuestros grandes hombres de ayer desde el mirador único de una devoción que excluía todo enfoque crítico, todo intento de relacionar1os, por encima del tiempo, con lo inmediato y contingente. Lejos quedaron los tiempos en que veíamos nuestra histeria como una mera crónica de acciones militares, cuadros de batallas, intrigas palaciegas, encumbramientos y derrocamientos, en textos ignorantes del factor económico, étnico, telúrico, de todas aquellas realidades subyacentes, de todas aquellas pulsiones soterradas, de todas las presiones y apetencias foráneas -imperialistas, por decirlo todo- que hacían de nuestra historia una historia distinta a las demás historias del mundo. Historia distinta, desde un principio, puesto que este suelo americano fue teatro del más sensacional encuentro étnico que registran los anales de nuestro planeta: encuentro del indio, del negro, y del europeo de tez más o menos clara, destinados, en lo adelante, a mezclarse, entremezclarse, establecer simbiosis de culturas, de creencias, de artes populares, en el más tremendo mestizaje que haya podido contemplarse nunca. «Tenemos que ser originales» -solía decir Simón Rodríguez, maestro del Libertador. Pero, cuando tales palabras pronunciaba, no había que hacer ya el menor esfuerzo por ser original -pues éramos, ya, originales, de hecho y de derecho, mucho antes de que el concepto de originalidad se nos hubiese ofrecido como meta.
No incurre en vana jactancia americanista quien puede afirmar hoy, en perfecto conocimiento de causa que, antes de que lo contemplaran los conquistadores españoles sin entenderlo, se nos ofrecía en el Templo de Mitla, en México, la perfecta culminación de un arte abstracto largamente madurado -arte abstracto que no se debía a un mero intento de ornamentación geométrica, simétrica y reiterada, sino a la disposición perfectamente deliberada de composiciones abstractas, de idéntico tamaño, jamás repetidas, vistas, cada una, como un valor plástico completo, independiente y cerrado. No es necesario ser guiado por un excesivo amor a nuestra América, para reconocer que en las pinturas que adornan el templo de Bonampak, en Yucatán, se nos presentan figuras humanas en escorzos de una audacia desconocida por la pintura europea de la misma época - escorzos que se aparean, con muchos años de anterioridad, con el de un Cristo de Mantegna, por ejemplo. Y eso no es todo: sólo ahora estamos empezando a percibir el singular y profundo trasfondo filosófico de las grandes cosmogonías y mitos originales de América. Y eso no es todo. Sin demorarnos en ejemplos que podrían multiplicarse al infinito, desde los días de la Conquista y de la Colonia, vemos afirmarse, de cien maneras, la originalidad y audacia del hombre americano en obras de muy distinto carácter. Es aquí, en este continente nuestro, donde jamás entraron el románico ni el gótico, donde la arquitectura barroca halló sus expresiones más diversas y completas -en México, a todo lo largo del espinazo andino- con el empleo de materiales polícromos, el uso de técnicas perfeccionadas por el artesano indio, que desconocieron los arquitectos europeos. Es aquí, en este suelo, donde, con las ininterrumpidas sublevaciones de indios y de negros (desde los tempranos días del siglo XVI), con los Comuneros de la Nueva Granada, con la gesta de un Tupac Amaru, hasta alcanzarse los tiempos de nuestras grandes luchas por la independencia, se asistió a las primeras guerras anticoloniales -pues fueron fundamentalmente guerras anticoloniales- de la historia moderna. Y, por andar a saltos, sin detenerme en tal o cual muestra de nuestra originalidad, cabría recordar, en este año que se ha denominado «Año de la Mujer», que el primer documento enérgicamente feminista, resueltamente feminista (documento en que para la mujer se reclama el derecho de acceso a las ciencias, a la enseñanza, a la política a una igualdad de condición social y cultural opuesta al «machismo» que harto se contempla en nuestro continente), ese documento se debe (en 1695) a la portentosa mexicana Sor Juana Inés de la Cruz, autora, sea dicho de paso, de poemas «negros» que, por el acento, se anticipan de modo increíble a ciertos poemas de Nicolás Guillén, el gran poeta a quien escucharon ustedes, hace poco en este mismo paraninfo. Mucho, mucho, mucho, podría hablarse de todo esto. Sobran ejemplos gratos de citar. Nuestros libertadores, nuestros maestros en el pensamiento, nos han legado millares de páginas colmadas de observaciones, de análisis, de consideraciones, de advertencias, que nos dejan atónitos por su actualidad, por su vigencia, por lo que de aplicable tienen para el presente. Y ahora que, desde hace algo más de un siglo, se nos ha abierto cabalmente, con la obra de Marx, el vasto continente de una historia que apenas si habíamos entrevisto anteriormente; ahora que, disponiendo de un instrumental analítico que ha transformado la historia en una ciencia, podemos considerar el pasado desde nuevos ángulos, comprobando verdades que habían pasado inadvertidas para nuestros mayores, es cuando el hombreciudad -siglo-XX, el hombre nacido, crecido, formado, en nuestras proliferantes ciudades de concreto armado, ciudades de América Latina, tiene el deber ineludible de conocer a sus clásicos americanos, de releerlos, de meditarlos, para hallar sus raíces, sus arboles genealógicos de palmeras, de apamate o de ceiba, para tratar de saber quién es, qué es, y qué papel habrá de desempeñar, en absoluta identificación consigo mismo, en los vastos y turbulentos escenarios donde, en la actualidad, se están representando las comedias, dramas, tragedias -sangrientas y multitudinarias tragedias- de nuestro continente. Hombre que ha crecido con La Habana del siglo XX, hombre que ha visto crecer la Caracas del siglo XX -hombre que ha visto crecer esta Universidad, que ha visto construirse el stábile de Calder que se abre perennemente sobre nuestras cabezas en este anfiteatro -, no sabría agradecer con palabras de mero protocolo la muestra de afecto y estimación que en este lugar se me ofrece esta noche. Decir que estoy emocionado es poco. Mejor y más valedero es decir que esta noche quedará inscrita en cifras capitales en la cronología de mi existencia, ahora que acabo de doblar el temible cabo de los setenta años en el reino de este mundo. E inútil resulta decir que agradezco profundamente a mi amigo Alexis Márquez Rodríguez las palabras que acerca de mi persona, trayectoria y obra, acaba de pronunciar. Y se las agradezco tanto más, si se tiene en cuenta que ha dicho cosas, acerca de mí, que pertenecen a la categoría de aquellas que no puede pronunciar un escritor acerca de sí mismo, habiendo de esperar que la sagacidad crítica de otros subrayen ciertos hechos que tienen una enorme importancia para la persona objeto de la crítica. Señaló Alexis Márquez Rodríguez, para satisfacción mía, lo confieso, que en mis escritos -desde los de mi primera juventud - se observa una cierta unidad de propósitos y deanhelos. Valga decir que poco me aparté de una trayectoria ideológica y política que ya se había afirmado en mi cuando, allá por el ano 1925, escribí un articulo sobre la admirable novela soviética El tren blindado 14-69, de Vsevolod Ivanov, donde decía lo que podría repetir ahora si hubiese de expresar mi pensamiento, mis convicciones, ante el proceso y las contingencias de la época que ahora estamos viviendo. Es cierto - me enorgullezco de ello - que tuve una temprana visión deAmérica y del porvenir de América (me refiero, desde luego, a aquella América que José Martí llamara a Nuestra América»). Pero, ¿en esto tenía yo acaso mucho mérito? No lo creo. Tuve suerte, eso sí. La maravillosa suerte de haberme topado, al llegar a La Habana, lleno de juveniles ambiciones, luego de una infancia campesina, con hombres a quienes pude considerar en el acto -a pesar de su juventudcomo maestros verdaderos. Y esos maestros fueron Julio Antonio Mella, el admirable que, tempranamente madurado por las agitaciones universitarias de la época, fundo, en 1925, con Carlos Baliño, el Partido Comunista de Cuba; Rubén Martínez Villena, magnífico poeta que, un buen día, renunció a todo halago literario para consagrarse a una lucha que fue determinante en el proceso revolucionario que condujo al derrocamiento y fuga del dictador Gerardo Machado, en 1933; Juan Marinello, hoy más activo y enérgico que nunca, a pesar de haber doblado, hace tiempo, el cabo de los setenta años entregado totalmente al servicio de la Revolución con la que siempre había soñado y que me reveló la grandeza y la profundidad de la obra martiana que (triste es recordarlo) era bastante poco conocida en la Cuba de los años 20, por no existir aún, de esa obra, ediciones satisfactorias ni completas. Con tales maestros anduve, y junto a ellos aprendí a pensar. Y resulta interesante recordar que ya, en 1927, podía yo firmar con tales hombres un manifiesto premonitorio, donde nos comprometíamos a laborar: Por la revisión de los valores falsos y gastados. Por el arte vernáculo y, en general, por el arte nuevo en sus diversas manifestaciones. Por la reforma de la enseñanza pública. Por la independencia económica de Cuba, y contra el imperialismo yanqui. Contra las dictaduras políticas unipersonales en el mundo, en América, en Cuba. Por la cordialidad y la unión latinoamericana. Al firmar ese documento no nos atrevíamos a soñar con que, estando todavía en vida, veríamos realizados tales anhelos que se nos mostraban sumamente lejanos, remotos, contrariados de antemano -lo creían muchos- por una fatalidad geográfica, y que veríamos cumplidos, en el alba del año 1959, con el triunfo de la Revolución cubana, y la reafirmación de ese triunfo en la decisiva y trascendental batalla de Playa Girón, primera gran victoria de una nación de nuestra América mestiza (como la llamara más de una vez, con orgullo, José Martí) contra el más temible de los imperialismos, el del «gigante con botas de siete leguas que nos desprecia» -y vuelvo a citar a José Martí.

Algunos se sorprendieron, lo sé, de que en los comienzos del año 1959, hallándome tan feliz entre vosotros, estando tan incorporado a la vida venezolana, habiendo aprendido tanto de vuestra naturaleza, de vuestra historia, de vuestras tradiciones tan profundamente latinoamericanas, haya roto bruscamente con una trayectoria venezolana de catorce años, para regresar repentinamente a mi país. Pero había voces que me llamaban. Voces que habían vuelto a alzarse sobre la tierra que las había sepultado. Eran las voces de Julio Antonio Mella, de Rubén Martínez Villena, de Pablo de la Torriente Brau, de tantos otros que habían ciado en una larga, tenaz y cruenta lucha. Y eran las voces, vivas aún, y bien vivas, de Juan Marinello, de Nicolás Guillen, de Raúl Roa, y de tantos más que habían entregado su energía, su experiencia, sus conocimientos, a la gran obra revolucionaria que se había venido gestando desde la histórica y trascendental jornada del 26 de julio de 1953, con el asalto al Cuartel Moncada, mandado por quien, interrogado meses después acerca de los móviles inspiradores de su acción, habría de responder sencillamente: «Fuimos guiados por el pensamiento de José Martí.» Oí las voces que habían vuelto a sonar, devolviéndome a mi adolescencia; escuché las voces nuevas que ahora sonaban, y creí que era mi deber poner mis energías, mis capacidades -si es que las tenia- al servicio del gran quehacer histórico latinoamericano que en mi país se estaba llevando adelante. Y ese quehacer estaba profundamente enraizado en la historia misma de Cuba, en su pasado, en el pensamiento ecuménicamente latinoamericano de José Martí, para quien nada que fuera latinoamericano hubiese sido nunca ajeno. Respondía a una tradición que se remontaba a los días en que un primer intento de liberación de Cuba, mediante una guerra anticolonial contra el poderío español se hubiese gestado en el seno de una sociedad secreta que no por mera casualidad ostentaba el nombre de «Los Rayos y Soles de Bolívar». De ahí que, ante la elocuente imagen de un pasado cristalizado en acción presente, en realidad actual y tangible, se hubiese intensificado de tal modo, en la Cuba de hoy, no sólo el estudio de la historia de la patria, sino la historia toda del continente, convencidos como lo estamos de que nada latinoamericano puede sernos indiferente, y que las luchas, los logros, los dramas, las caídas y los triunfos, de las naciones hermanas del continente, son acontecimientos que nos conciernen directamente, y promueven nuestro júbilo o nuestra congoja, según se ofrezcan al mundo para motivo de gozo o de momentáneo desconsuelo. No sé hasta que punto los jóvenes latinoamericanos de hoy se complacen en el estudio sistemático, científico, de su propia historia. Es probable que la estudien muy bien y sepan sacar fecundas enseñanzas de un pasado mucho más presente de lo que suele creerse, en este continente, donde ciertos hechos lamentables suelen repetirse, más al norte, más al sur, con cíclica insistencia. Pero, piensen siempre -tengan siempre presente- que, en nuestro mundo, no basta. con conocer a fondo la historia patria para cobrar una verdadera y auténtica conciencia latinoamericana. Nuestros destinos están ligados ante los mismos enemigos internos y externos, ante iguales contingencias. Víctimas podemos ser de un mismo adversario. De ahí que la historia de nuestra América haya de ser estudiada como una gran unidad, como la de un conjunto de células inseparables unas de otras, para acabar de entender realmente lo que somos, y que papel es el que habremos de desempeñar en la realidad que nos circunda y da un sentido a nuestros destinos. Decía José Martí en 1893, dos años antes de su muerte: «Ni el libro europeo, ni el libro yanqui, nos darán la clave del enigma hispanoamericano», añadiendo más adelante: «Es preciso ser a la vez el hombre de su época y el de su pueblo, pero hay que ser ante todo el hombre de su pueblo.» Y para entender ese pueblo -esos pueblos- es preciso conocer su historia a fondo, añadiría yo. En cuanto o mi, a modo de resumen de mis aspiraciones presentes, citaré una frase de Montaigne que siempre me ha impresionado por su sencilla belleza: «No hay mejor destino para el hombre que el de desempeñar cabalmente su oficio de Hombre.» Ese oficio de hombre he tratado de desempeñarlo lo mejor posible. En eso estoy, y en eso seguiré, en el seno de una revolución que me hizo encontrarme a mi mismo en el contexto de un pueblo. Para mi terminaron los tiempos de la soledad. Empezaron los tiempos de la solidaridad. Porque, como bien lo dijo un clásico: «Hay sociedades que trabajan para el individuo. Y hay sociedades que trabajan para el hombre.» Hombre soy, y sólo me siento hombre cuando mi pálpito, la pulsión profunda, se sincronizan con el pálpito, la pulsión, de todos los hombres que me rodean.
Discurso pronunciado por Alejo Carpentier en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela el 15 de mayo de 1975, en el acto que en su honor fue organizado por la misma Universidad, el Ateneo de Caracas, la Asociación de Escritores Venezolanos y la Asociación Venezolana de Periodistas.
Publicado en el libro; Razon de Ser
Editorial Letras Cubanas - La Habana 1984

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BIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA

Alejo Carpentier (1904-1980), novelista, ensayista y musicólogo cubano, que influyó notable-mente en el desarrollo de la literatura latinoamericana, en particular a través de su estilo de escritura, que incorpora todas las dimensiones de la imaginación -sueños, mitos, magia y religión- en su idea de la realidad. Carpentier recibió la influencia directa del surrealismo, y escribió para la revista Révolution surréaliste, por encargo expreso del poeta y crítico literario francés André Breton. Sin embargo, mantuvo una posición crítica respecto a la poco reflexiva aplicación de las teorías del surrealismo e intentó incorporar a toda su obra la maravilla, una forma de ver la realidad que, mantenía, era propia y exclusiva de América. Entre sus novelas cabe citar El reino de este mundo (1949), escrita tras un viaje a Haití, centrada en la revolución haitiana y el tirano del siglo XIX Henri Christophe, y Los pasos perdidos (1953), el diario ficticio de un músico cubano en el Amazonas, que trata de definir la relación real entre España y América siguiendo la conquista española. Se considera que es su obra maestra, un intento de llevar a cabo su idea de construir una novela que llegue más allá de la narración, que no sólo exprese su época sino que la interprete. Guerra del tiempo (1958) se centra en la violencia y en la naturaleza represiva del gobierno cubano durante la década de 1950. En 1962 publicó El siglo de las luces, en la que narra la vida de tres personajes arrastrados por el vendaval de la Revolución Francesa. Más que una novela histórica, o una novela de ideas es, en la interpretación de algunos críticos, una cabal novela filosófica. Concierto Barroco (1974) es una novela en la que expone sus visiones acerca de la mezcla de culturas en Hispanoamérica. Finalmente El recurso del método (1974) y La consagración de la primavera (1978), obras complementarias y difíciles; la primera suele "considerarse como la historia de la destrucción de un mundo", la caída del mito del hombre de orden, mientras que la segunda representa la larga crónica del triunfo en Cuba de un nuevo mito, que Carpentier trata de explicar desde su imposible papel de espectador: el autor trata de explicar el inconciliable desajuste entre el tiempo del hombre y el tiempo de la historia.
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Rodolfo Álvarez
Junín - Buenos Aires

El vero latir del cielo

de llamas el cielo vestido
de llamas vestido en labios
besaba el cielo de llamas
yo vestido de negros cielos yertos
los muertos besaban con sus huesos
los huesos de llamas cenizas muertos
de llamas en vestidos desnudos
de llamas mujer tu amor en labios
besados en cielo desnudo y negro
besaba el clamor vestido desvestido
de llamas hurtado a cielo herido

ahora,
clamoran los confines tal latido !

La oscura razón del mediodía

un pez mediano sobre el suelo
sin aguas de nadar en su regazo
sin aguas del oxígeno su íntimo
abandonado allí a vientos piedras
un pez allí !
un pez !
en todo el mediodía asesino sol muerte
un pez boquea en la ciudad indiferente
mientras se toman cafés en una esquina
del sol el sol esquina es muerte mezquina
el pez mediano en suelo inferior a mediano
desgano
no del pez
desgano
sobre el latir de muerte en medio a mío
sin aguas de hablar hablar pez yo latido
en mediodía.

Racconto del no hacer

no hago nada
atraído por mí mismo
siento la atracción de la vagancia

pero yo estoy quieto
bebo
fumo
bebo
tan quieto en tormenta
tan quieto en rojo en violeta

desórden de las casas
barrios quién sabe qué
a incendios
ruedan
guillotinas de pueblo
un árbol fosforece
un viento -siempre- calma toda la victimidad
también hay asesinos atraídos
tan quieto en un ojo tan quieto en tosudez
salvado por beber tarde en la tarde
el cuerpo se desliga de suceder
el cuerpo
un turbión religa estas crueldades
no hago nada

fumar beber
errar vagancia
tan quieto en rojo violeta
tan quieto
tormenta a vuelo detenido
colores
vuelan
o se quedan
pero a ratos racconto
reconozco

yo no hago nada.

Rodolfo Álvarez nació en Junin, provincia de Buenos Aires, donde reside, en 1957.
Desde 1980 dirige y edita la revista "Maldoror".

Libros publicados:

Silueta por los bordes - 1982.
Pensamientos amputados - 1985. Reeditado en 1988.
Algunas palabras contra la pequeñez de muerte - 1991.
Paisaje primavera - 1991
Biógrafa/Distraigo - 1992.
Tres Retratos - 1993.
Ha colaborado en diferentes libros y publicaciones. En 1984 participó en el grupo plástico
juninense«Masarte» y en 1989 inicio una muestra itinerante de sus poemas en murales llamada
«Poemas para leer en la pared».
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Poesía actual de la India
Traducción y Selección:
Virginia Rodhas

La literatura de la India, se abre desde milenios, en un rico abanico que incluye la paz espiritual, metafísica, filosófica reflexiva, hasta la existencial de nuestros días.
La elocuencia que cada autor vierte en su poesía, va dibujando su destino, para adentrarse en los telones esenciales que sobreviven los tiempos y logran una visión con persistencia milenaria, que tiene como fondo una temática religiosa, más allá del espacio-tiempo.
Krishna Srinivas, Har Prasad Sharma y Mukund R. Dave, nos ofrecen una muestra poética de excepcional categoría.

Krishna Srinivas

Cielos

Una mañana de julio
Yo he nacido
De padres piadosos y puros:
Mundanamente crecí
Para amar a las nubes
Y a los más verdes árboles.

Esta vida sobre la tierra
Siendo mi último nacimiento,
Refugió ansiosamente
En mi mundo interior
A Krishnas, a Buddhas,
Cristos y Mahomas.

Y esta instrucción
Me proveyó de alas
Para alcanzar alturas
De filosofías
Y poesías.

Y permanecen en continentes
Y caminan por todos los mundos
En el Este y el Oeste
Y adquieren deleite
Para restaurar la Paz
A través de la Poesía
Y esculpir un Cielo
Para los hombres y las mujeres.

Krishna Srinivas nació en Madras, donde desde hace más de treinta años, edita y dirige World Poetry Society, con la participación de más de cien países y de la cual es fundador y presidente. Es candidato al Premio Nobel de Literartura.

Har Prasad Sharma

Paz mundial

Depon tu espada pues has peleado
bastante en guerras sobre esta tierra;
Mira, la vida humana es muy corta
vuelve al absoluto gozo.

Acoge a todos con una feliz sonrisa
con amor en el corazón y mente clara,
cuando tal es edificado tu estilo-vida
por siempre hallarás paz en la vida.

La maldad y el odio excitan la ira
destruyen totalmente la sabiduría humana,
el hombre no puede arrastra aliento pacífico,
abandona eso y al amor acoge.

Renuncia al orgullo y modo vengativo,
y no burles la caída de los otros,
ayúdales, ayúdales en su alegría
pues tú eres un hombre con alma humana.

Entonces el sol de la paz se elevará al cielo;
Rodeándolo terminará la oscuridad,
El mundo reirá con feliz suspiro,
y el reino del amor descenderá sobre la tierra.

Har Prasad Sharma, poeta, dibujante y traductor. Ha publicado en una gran cantidad de revistas de distintos paises y ha sido galardonado con importantes premios. Su poesía y dibujos, apuntan hacia la paz mundial. Vive en Nueva Delhi.

Mukund R. Dave
Auto-retrato

¿Cuántas noche me abarcó el terror
Cuántas millas he andado solo
Cuántas almas he buscado para estar a tono
Cuántos libros he leído, enseñado, fatigado
Cuántos cuadros he tocado y comentado
Cuánta gente he encontrado, amigable, confrotable
Cuántos sitios he anhelado pisar
Cuántas cartas he escrito y recibido
Cuántas no he sido capaz de contestar
Cuánta gente se ha comprometido conmigo en luchas estériles
Cuántas distancias cortas y largas he llamado y contestado?

¡Oh, muchas, muchas!
Aunque no tantas como las otras,
Yo sé,
he tenido...

Mukund R. Dave nació en Rajkot. Es profeor de ingles, poeta y traductor de varios dialectos hidues al ingles. Ha editado varios libros de poesias y es co-editor de las antologías SKYLARK, TANTRUM (poesía griega) y HOY.
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El Club de La Bota

En 3 de junio de 1961, fundó Neruda, con un grupo de amigos, El Club de la Bota. Esta cofradía se reunía en la ciudad de Valparaíso, Chile, y se eligió para las sesiones el más cómodo de los reservados del Bar Alemán, de esta ciudad, al que se llegaba luego de bajar una pequeña escalera de madera, cerca de la entrada, con ventana a la calle. Poseía una bella mesa de pino, redonda, donde los integrantes del Club se reunian en tertulia. En una de las paredes había una oleografía de un hombre, atado a un cepo, recibiendo del verdugo, tal vez en cumplimiento de un último deseo, un sorbo de cerveza, de una botella que este sujetaba sobre su boca abierta. Llegó Neruda, portando el símbolo de la cofradía; una gran bota de cerámica alemana, decorada con escudos heráldicos, monjes y caballeros, lucia también en su gran gollete, una inscripción en castellano: Beba cerveza Julia, Pablo la había comprado en México, donde le habían grabado el extemporáneo rótulo.
Sólo podía ser miembro del Club de la Bota y merecer el honor de ser llamado «Botarate» quien dibujara, con los ojos vendados, un chanchito. Neruda no hacía nada improvisadamente. Junto con la Bota había triado un cuaderno y su lapicera de tinta verde en el que se inscribió la primera acta de este club; «Hoy, un grupo de insensatos, reunidos pero no revueltos, decidieron fundar este Club sin más objetivo que el de beberse la Bota numerosas veces y con la fruición necesaria». Se le encargo a Camilo Mori, que dibujara la figura de la Bota en la página siguiente y se dio por inaugurada, de esta forma la navegación del nuevo Club. Algunas normas de este club eran por ejemplo, que nadie debía presumir de inteligente, estaba prohibido hacer alardes intelectuales o mostrarse culto en exceso. Nada de halagos, diplomacias ni sonrisas forzadas. Todo debía ser espontaneo, natural y, en lo posible, risueño. El que no tenía sentido del humor debía presentar su renuncia. También eliminados, estaban los temas políticos, religiosos y de enfermedades. Entre los personajes destacados de la literatura universal, que fueron miembros de este club se, encontraba el cubano Alejo Carpentier, El autor del Siglo de las Luces, fue incorporado al Club de la Bota el 17 de agosto de 1962. De Carpentier, reproducimos el dibujo a ciegas del chanchito, que lo hizo merecedor del titulo de «Botarate».

Claudio González Baeza

Datos bibliográficos: NERUDA EN
VALPARAISO
de Sara Vial - Ediciones
Universitarias de Valparaiso.
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Libros recibidos

La luz y alguna cosa - Carlos Barbarito - Ediciones Ultimo Reino - Buenos Aires 1998
Último libro de Carlos Barbarito, editado hacia abril de 1998. Dividido en tres partes; La luz y alguna cosa, Dispersos y Bosques del día y la noche.
Poesía descarnada, abierta, terrenal. No cabe ninguna duda que ayer, hoy y siempre, la poesía es como una semilla que germina sobre el asfalto y Barbarito es un sembrador ciudadano que va dejando caer semillas, que a pesar de las inclemencias del tiempo, florecen en esos oscuros surcos.
Como dice su prologuista; "...Carlos Barbarito nos demuestra que, inclusive en las épocas más adversas, puede brillar, como una rosa colérica, entre los escombros"

Sonetos cósmicos y líricos - Francisco Henríquez - Frente de Afirmacion Hispanista, A. C. - Miami 1999.

Conforman este libro Fuego, Fuego Cósmico, Estrellas, Estrellas-Ojos-Luz y Líricos.
Sonetos cosmicos, de este escritor de origen cubano, con prologo de Fredo Arias de la Canal, nos propone un recorrido por los recodos de su "alma". de la Canal dice: "La nueva era poética exige antologias que resalten los valores arquetipicos del poeta,(...) Sólo asi podemos escuchar la musica de las esferas de que hablaba Como una queja que la luz envía, con musica del himno más sonoro, que jamás ha cantado coro alguno»".
Mi secreto - Francesco Petraca (1304-74) - Frente de Afirmacion Hispanista, A. C. - Mexico 1998.
Libro editado originalmente en el año 1501 en Venecia. Reeditado magnificamente por el Frente de Afirmacion Hispanista A. C. Con prologo-psicoanalítico de Fredo Arias de la Canal. Descarnado dialogo entre el autor y San Agustin, en el que Petrarca va devanando "Su" secreto más conflictivo, el masoquismo. 155 páginas escritas con un estilo unico. Arias de la Canal cierra este libro con un estudio sobre El Masoquismo, a traves de la interpretación de la la pintura que ilustra la portada de la presente edición.
Revistas recibidas

La Luna Que Revista Literaria - N° 29 - 1999 Lomas del Mirador -
Buenos Aires - Argentina.
Dirigida por Ricardo Rubio.
Poesia, cuentos, comentarios y ensayos.

Norte Revista Hipano-Americana - Cuarta Época N° 409 - Mayo-Junio 1999.
Mexico.
Dirigida por Fredo Arias de la Canal.
El Mamifero Hipocrita XII. La Piedra.
Arquetipo de la petrificación. Segunda parte de este estudio. Incluye poetas de la
talla de Enrique Blanchard, Carmen Bruna, Daniel Chirom, Juana de
Irbabourou, Helcías Martán Góngora, etc.
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La Bota Literaria
Buenos Aires - Septiembre 1999
año I nº I
Dirección
Claudio González Baeza

Colaboraciones:

Gustavo Carmona - Virginia Rhodas - Rolando Revagliatti -
Rodolfo Alvarez - Omar Felipe - Mauri Mukund R. Dave -
Har Prasad Sharma - Krishna Srinivas

Traducciones
Virginia Rhodas

La Bota Literaria es una publicación de
Ediciones Del Arbol
Dirección Postal
Blanco Encalada 4225 C1430BOO - Capital Federal
República Argentina
Email:
gbclaudio@infovia.com.ar

Hecho el depósito que marca la Ley. Se permite la reproducción de
las obras con la sola mención de la fuente.
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