jueves, 4 de diciembre de 2008

año I nº IV - octubre 2000

La Bota de Neruda

El día 23 de septiembre se cumplió un nuevo aniversario de la desaparición física de Pablo Neruda, por este motivo creí necesario ofrecerle un pequeño homenaje que, de alguna manera, se transforma en agradecimiento y reconocimiento a su legado poético.
Aunque mucho se haya dicho y escrito sobre Neruda y su obra, siempre es necesario refrescar su poesía y su esclarecedor pensamiento.
"El Club de La Bota", que por la década del sesenta gestara Pablo Neruda y amigos en la ciudad de Valparaíso, tenía el tobjetivo, como reza en su acta inauguracional, "...el de beberse «La Bota», (de cerveza) numerosas veces y con la fruición necesaria", como objetivo, nuestra Bota Literaria propone "calzarcela" y recorrer el camino de la literatura universal, de esta literatura que no encuentra espacios en las editoriales multinacionales, las que no leen originales de poesías y no editan a quienes no venden una determinada cantidad de ejemplares. Este espacio, pequeño, solo intenta brindar ese lugar, «prohibido» a las letras de los noveles y no tanto, intenta hacerse eco de esas voces y demostrar, de alguna manera, que a pesar de la indiferencia de los poderosos, el arte sigue siendo un gran tesoro, y que estos grandes esfuerzos, físico y económico, valen la pena.
Claudio González Baeza
Buenos Aires - Octubre de 2000
*******************************************************

José Repiso Moyano

Málaga - España
Basta

basta de gritos
basta a puñados de amor
basta: el oro inmediato
sucio
comprador
sin delicadeza
basta a llamas
aunque sin comprensión
basta: el hambre con rejas
oh duro poder
que matas tanto
que matas tanto
tanto
ante ellos
por decir que no quede
ante ellos
dales mucho
el cólera clavante
el amor anciano
dales mucho
llórales fuertes
revuélveles las costumbres
para que un hombre sirva
precisamente
súdales mucho
atráeles los aciagos alientos
y los interminables gritos
para que un hombre sirva
como justicia
ferozmente

Cuando tú no cuentas
Cuando tú no cuentas,
eres lo que ellos quieren que seas:
eso tan pequeño,
ese indispensable ser vivo que obedece,
lo que se pisa
como una gota de súplica,
de bruja libertad, de nadie que espera gritar.
Cuando tú no cuentas,
dan ganas de decirles a los sueños: No,
no desde abajo,
no a punta de verdad,
después de palo y palo
aguantando mucho, ¡Dios mío!

injusticia
la mentira lo dice todo
la mentira que dan
a lo cómodo
sabios y fantasmas
la mentira que está de moda
como el diablo también
la mentira millonaria
mísera de alma
mierda bendita de sucios
la mentira estudiada
desarrollada con intelectualidad
fría que ha matado completamente
con tal célebre hipocresía
golpes

hasta cuándo hay que resistir
contra la mala gracia
contra los últimos enredos
brutos putos astutos
contra los hielos conversos
contra todo féretro
que apunta al hombre
y lo hunde
ya como cansancio amargo
hay que ser fuerte
fuerte de amor
en músculos que no supliquen más
"hasta cuándo,
hasta cuándo..."
José Repiso Moyano nació en Málaga en 1965. Poeta, pensador y crítico literario. En 1988 fue galardonado con el 1er. Premio en el VI Concurso Antonio Machado, Jaén. En 1989 obtuvo el II Premio Internacional de Poesía Encina de la Cañada, Madrid y el V Certamen de Poesía Angel Martínez Baigorri, Lodosa.
En narrativa, 1989 3er. Premio Salvador Rueda, Nerja.
Ha colaborado en distintos medios literarios, como así también, en diferentes periódicos de España y el exterior.

Obra publicada:
La muerte más difícil - Cádiz 1994
*****************************************************************
Sobre una poesía sin pureza

Pablo Neruda

Es muy conveniente, en ciertas horas del día o de la noche, observar profundamente los objetos en descanso: las ruedas que han recorrido largas, polvorientas distancias, soportando grandes cargas vegetales o minerales, los sacos de las carbonerías, los barriles, las cestas, los mangos y asa de los instrumentos del carpintero. De ellos se desprende el contacto del hombre y de la tierra como una lección para el torturado poeta lírico. Las superficies usadas, el gasto que las manos han inflingido a las cosas, la atmósfera a menudo trágica y siempre patética de estos objetos, infunde una especia de atracción no despreciable hacia la realidad del mundo.
La confusa impureza de los seres humanos se percibe en ellos, la agrupación, uso y desuso de los materiales, las huellas del pie y los dedos, la constancia de una atmósfera humana inundando desde lo interno y lo externo.
Así sea la poesía que buscamos, gastada como por el ácido por los deberes de la mano, penetrada por el sudor y el humo, oliente a orina y a azucena salpicada por las diversas profesiones que se ejercen dentro y fuera de la ley.
Una poesía impura como un traje, como un cuerpo, con manchas de nutrición, y actitudes vergonzosas, con arrugas, observaciones, sueños, vigilias, profecías, declaraciones de amor y de odio, bestias sacudidas, idilios, creencias políticas, negaciones, dudas afirmaciones, impuestos.
La sagrada ley del madrigal y los decretos del tacto, olfato, gusto, vista, oído, el deseo de justicia, el deseo sexual, el ruido del océano, sin excluir deliberadamente nada, sin aceptar deliberadamente nada, la entrada en la profundidad de las cosas en un acto de arrebatado amor, y el producto poesía manchado de palomas digitales, con huellas de dientes y de hielo, roído tal vez levemente por el sudor y el uso. Hasta alcanzar esa dulce superficie del instrumento tocado sin descanso, esa suavidad durísima de la madera manejada, del orgulloso hierro. La flor, el trigo, el agua, tiene también esa consistencia especial, ese recurso de un magnifico tacto.
Y no olvidemos nunca la melancolía, el gastado sentimentalismo, perfectos frutos impuros de maravillosa calidad olvidada, dejados atrás por el frenético libresco: la luz de la luna, el cisne en el anochecer, "corazón mío" son sin duda lo poético elemental e imprescindible. Quien huye del mal gusto cae en el hielo.
de la revista Caballo Verde Para la Poesía
Año 1 N° 1 - España 1935

¿Nosotros los poetas?
Sí, nosotros, los pueblos
Neruda visto por el pintor español
José Caballero
Todo es nuevo bajo el sol, y entre todas esas cosas, la poesía. Pasan y vuelven las estaciones, pero en primavera o en invierno, crece, florece y se duplica esta rosa de todos los tiempos.
Por eso los poetas cantamos todos lo que existió, lo que existe y lo que vivir la mañana. La tierra y el hombre tienen perpetua profundidad y fecundidad para nosotros. Nunca rechazaremos nada sino la complicidad con el mal, con lo que daña a los seres, con la opresión o el veneno. Esta relación entre la tierra, el tiempo y el hombre la que necesita riego y fulgor, es decir, poesía, para resplandecer y fructificar, para que la dicha universal sea nuestro reino común.
Por esos son enemigos de la poesía cuantos excluyen de ella la lucha que es también nuestro pan de cada día. Aquellos que nos ponen una frontera, quieren destruir todo el castillo. Aquellos que, políticamente, quieren apartar la poesía de la política, quieren amordazarnos, quieren apagar el canto, el eterno canto.
Yo quiero que todos lo poetas canten la rosa roja y la rosa blanca, los ojos azules y los ojos negros, los días de sol sobre la arena y las noches de sombras tempestuosa. Yo quiero que todos canten sus amores.
Si no lo hicieran, estarían traicionando sus propios mandatos imperiosos. Pero hay una traición más aterradora, y es la de que nuestro canto no comparta, no recoja o no guíe los caminos del hombre. La sociedad humana y su destino es materia sagrada para el ciudadano, pero para el poeta es masa creciente, creación profunda, obligación original. No hay poesía sin contacto humano. En el pan de mañana deben ir señaladas las manos del poeta.
¡Ay de aquellos que no comprendieron sino el silencio, cuando la poesía es palabra, y de aquellos que sólo comprendieron la sombra, cuando la poesía es luz de cada día y cada noche de los hombres!
Por eso el camino no va hacia adentro de los seres, como una red de sueños. El camino de la poesía sale hacia fuera, por las calles y fábricas, escucha en todas las puertas de los explotados, corre y advierte, susurra y congrega, amenaza con la voz pesada de todo el porvenir, está en todos los sitios de las luchas humanas, en todos los combates, en todas las campanas que anuncian al mundo que nace, porque con fuerza, con esperanza, con ternura y con dureza lo haremos nacer.
¿Nosotros los poetas?
Sí, nosotros, los pueblos.
Pablo Neruda - Los Guindos, Noviembre de 1952
Prólogo a "Poesía política", de Editorial Austral
Santiago de Chile, 1953


García Lorca presenta a Neruda



Esto que yo hago ahora se llama presentación en el protocolo convencional de conferencias y lecturas, pero yo no presento porque a un poeta de la calidad del chileno Pablo Neruda no se le puede presentar sino que con toda sencillez, y cobijado por mi pequeña historia de poeta señalo, doy un suave pero profundo toque de atención.
Y digo que os dispongáis para oír a un autentico poeta de los que tienen sus sentidos amaestrados en un mundo que no es el nuestro y que poca gente percibe. Un poeta más cerca de la muerte que de la filosofía; más cerca del dolor que de la inteligencia; más cerca de la sangre que de la tinta. Un poeta lleno de voces misteriosas que afortunadamente él mismo no sabe descifrar; de un hombre verdadero que ya sabe que el junco y la golondrina son más eternos que la mejilla dura de la estatua.
La América española nos envía constantemente poetas de diferentes numen, de variadas capacidades y técnicas. Suaves portas de trópico, de meseta, de montaña; ritmos y tonos distintos que dan al idioma español una riqueza única. Idioma ya familiar para la serpiente borracha y el delicioso pingüino almidonado. Pero no todos estos poetas tienen el tono de América. Muchos parecen peninsulares y otros acentúan en su voz ráfagas extrañas sobre todo francesas. Pero en los grandes no. En los grandes cruje la lucha ancha, romántica, cruel, desorbitada, misteriosa de América. Bloques a punto de hundirse, poemas sostenidos sobre el abismo por un hilo de araña, sonrisa con un leve matiz de jaguar, gran mano cubierta de vello que juega delicadamente con un pañuelito de encaje. Estos poetas dan el tono descarado del gran idioma español de los americanos, tan ligados con las fuentes de nuestros clásicos, poesía que no tiene vergüenza de romper moldes, que no teme al ridículo y que se pone a llorar de pronto en mitad de la calle.
Al lado de la prodigiosa voz del siempre maestro Rubén Darío y del extravagante adorable arrebatadoramente cursi y fosforescente voz de Herrera y Reissing y del gemido del uruguayo y nunca francés Conde de Lautréamont, cuyo canto llena de horror la madrugada del adolescente, la poesía de Pablo Neruda se levanta con un tono nunca igualado en América, de pasión, de ternura y sinceridad.
Se mantiene frente al mundo lleno de sincero asombro y le fallan los dos elementos con los que han vivido tanto falsos poetas, el odio y la ironía. Cuando va a castigar y levanta la espada, se encuentra de pronto con una paloma herida entre los dedos.
Yo os aconsejo oír con atención a este gran poeta y tratar de conmoverse con él cada uno a su manera. La poesía requiere una larga iniciación como cualquier deporte, pero hay en la verdadera poesía un perfume, un acento, un rasgo luminoso que todas las criaturas pueden percibir. Y ojalá os sirva para nutrir ese grano de locura que todos llevamos dentro, que muchos matan para colocarse el odioso monóculo de la pedante libresca, y sin el cual es imprudente vivir.
Federico García Lorca
Presentación leída en la Universidad de Madrid, 1934

Tertulia de la cofradía de «botarates», en el Bar Alemán
de la ciudad de Valparaíso, Chile.
Con Pablo Neruda en el Corazón


Lo anunciaron primero (lo oí una madrugada):
Pablo Neruda ha sido asesinado.

Desde muy lejos me mandaba cartas,
Voces de auxilio, soledad y angustia
Por encima del mar.

Sucede que me olvido del idioma,
Perdona mis errores.
Envíame un diccionario.

Un manuscrito un día, una tarde de invierno,
Como las hojas última perdidas del otoño,
Vino a abrirse en mis manos.
Se llamaba: Residencia en la tierra.

Como cenizas, como mares poblándose,
En la sumergida lentitud, en lo informe,
O como se oyen desde lo alto de los caminos
Cruzar las campanas en cruz...

Era un galope muerto,
Un corazón batiendo a la distancia,

Un grito, más que desde la tierra
Desde las raíces hundidas del fuego,
Desde el dolor del árbol por nacer todavía,
La piedra calcinada por el rayo.

Pablo Neruda ha muerto. (Lo oí otra madrugada.)
Habían rectificado, aunque daba lo mismo.
A través de las lágrimas recuerdo ahora estas cosas.

¿Cómo olvidar aquella mañana en mi azotea,
la última nieve al fondo azul del Guadarrama,
las primeras palabras del encuentro,
su imagen tan lejana al fin hecha presencia?

Nos diste entonces todo,
Tu dulzura de hermano recién aparecido,
Tus desolados catos torrenciales
Y nosotros en cambio te dimos la alegría
Y con ella la mano que esperabas desde hacía tanto tiempo.

Y así tu soledad inmensa fue poblándose
Y fue Miguel y fue Manolo, Vicente, Federico...
fue toda la voz lírica de España
la que montó las alas de tu caballo verde
porque eran hermosos los vientos que partía
y el nuevo resonar de sus cascos en la gastada piedra.

2

Pero un día la sangre bañó el rostro de España,
Su viejo corazón lo atravesó un cuchillo,
Una tromba de odio se alzó de las tinieblas
Y no hubo mayo y no hubo puertas ni murallas
Que impidieran el choque de la luz y la sombra.

¿Preguntaréis por qué su poesía
no nos habla del sueño, de las hojas,
de los grandes volcanes de su país natal?
Venid a ver la sangre por las calles...

Así dijiste entonces
Y ahora puedo, como lo confesaste tantas veces,
Decir que cambiaron de pupilas tus ojos,
Que se te metió España dentro del corazón
Y ya por ella, tocado de su luz acribillada,
Saliste nuevamente al mundo con tu canto
Cubierto por la sangre de las calles.

Han pasado los años,
han pasado las guerras más feroces, más tristes,
han sucedido (pocas veces el sol) la oscuridad y el llanto,
ha mandado la noche tanto tiempo con su espada de sombra,
mientras tú, Pablo, hermano profundo de la paz,
del bien para los hombres,
de la palabra desencadenada
por encima del mar y de las cordilleras,
Pablo de los ríos solemnes y los más finos pétalos,
de los cielos australes sin orillas,
de la pasión abierta y los justos castigos,
cuando era más la voz de la esperanza,
cuando alzabas a cimas la luz para tu pueblo
(lo oí una madrugada), te morías
de dolor, rodeado de asesinos,
mientras corría en Chile la sangre por las calles.

Venid a ver ahora su casa violada,
sus puertas y cristales destrozados,
venid a ver sus libros ya cenizas,
a ver sus colecciones reducidas a polvo,
venid a ver su cuerpo allí volcado
sobre la escoria de sus sueños rotos,
mientras sigue corriendo la sangre por las calles.

Rafael Alberti - Roma, Octubre de 1973.
del libro Chile en el Corazón
Homenaje de más de cien poetas
españoles a
Pablo Neruda

Ediciones Península, Barcelona 1975

*******************************************************

La Carnicería

Apuremos la crónica como se bebe un vino fuerte y áspero. Penetremos y al traspasar el umbral dejemos toda pudicia afuera. Si somos imperativos el chuletero debe ser para nosotros. Y si andamos de puchero la falda y el rabo o en su defecto el hueserío de caracú con carne.
La bandeja con las vísceras a las que Borges llamó inmundas e innobles son un manjar digno de los dioses. Arriba la ganchera con cuartos enteros, la ponderable rojez de las medias reses dispuestas y orondas. Abajo en el piso con serrín fino el cajón con desperdicios, la untura del sebo, las manchas de sangre.
En la mesada sobre la cuadricula blanca de los azulejos el matambre arrollado, la nalga exhuberante, el peceto señorial, la bola de lomo en toda su redondez y contundencia, la pulpa charra, las chiquisuelas tentadoras y el asado en tiras regio y gran señor ya patrón del mostrador y del despacho.
El carniza deja sus impresiones digitales y untuosas sobre la redonda balanza de colgar, en la chaira agreste, en la cuchilla aleve, en la sierra estridente y ávida. Mientras tanto la caja ríe con el efectivo y la libreta negra soporta con estoicismo el fiado más atroz y descarado.
¡¡Qué viva el osobuco! ¡La riñonada nos llama! -Me dá la palomita-, -La tapa de asado tiene buena cara-, ¡Ah, las fúnebres morcillas, la fina elongación de las salchichas parrilleras, la infantería nutrida de los chorizos!!!
El blanco delantal ya rojizo de faenas, las manos pringosas de trajinar los cortes. -Don, ¿No tiene carne para el perro?. -Por favor, los bofes para los gatos-.
Delicia oscura del hígado, trapecio irregular de la cuadrada, la pornografía del cuajo...¡Oh, los sesos para la raviolada, las curvas del chinchulín, la levedad de las mollejas!!!
Traedlo a Rembrandt para que pinte su Buey Desollado que yo me lo como entero!!
Carnicería, quirófano de las reses, de ti salimos con la bolsa de red repleta, los incisivos dispuestos y los molares al acecho.

Jorge Castañeda
Valcheta - Río Negro - Argentina
de su próximo libro: "Crónicas & Crónicas"

******************************************************

Alejandro Schmidt


Villa María - Córdoba - Argentina

Aceptar

el hombre que lucha contra el viento no acepta
su metáfora, empuja firmemente la ciudad; ella
se aleja y lo cubre.
Es mayo en el sur y va a su labro y es
temprano todavía, para algunos.
Encuentra su campera, una bufanda verde,
hojas de álamo y crespón y otra mano que
surge de su pecho.
Es la mano de santa rita, seca su nariz y
mueve su corazón, lo acomoda, para andar.
El hombre llega al cortadero de ladrillo, chupa
alcohol de quemar mezclado con naranjas y
toma mate y come una galleta.
Todo el día hunde su cuerpo en la tierra, bosta
de caballo o vaca y pasto podrido.
Corta 1500 trozos del planeta.
Los pájaros, los perros flacos -hay uno de
carrera- soplan su estupor.
No acepta su señorío y su valor, no acepta que
es la patria, no leerá estas palabras que algo o
alguien escriben para mí.
El hombre que lucha contra el viento ve que
todas las casas son blancas en la noche.
No acepta que existimos.

de su libro: En un puño oscuro


¿Qué hacer?

el miedo estaba en la puerta de mi casa
chupando un poco de hielo
¿qué hacés acá? Le pregunté
-hace calor adentro- contestó
de pronto se puso de pie, con la camisa desabotonada
y corrió a una señora.

Esta casa es pequeña
para mi familia y el miedo.

En el centro vendían unos pajaritos azules.
Si los comprás -dijo el hombrehabrá
más lugar.

No sé,
la pobreza es tanta...
acaso sirva ser valientes.

Lo que más fastidia
es cuando el miedo no asusta
y se pega a la ropa
como una pelusita.

de su libro: El Diablo entre las Rosas


Piedra mágica

a Mario Rulloni

a veces miro toda mi vida
quieta
en un puño de agua muerta

vida
vida
toma
este es el pan de los desiertos rojos

y
sale mi vida a nutrirse
negra y brillante y resbaladiza

como esa piedra
mágica
que alguien arrojó sin darse cuenta a un pozo

y vio
el secreto del olvido
los lejanos reflejos

el hombre casi feliz
soportándola en sus manos.

de su libro: Desfile de Monstruos
(Notas de una Biografía Perdida)


Un hombre va al trabajo

Un hombre va al trabajo
con una chaqueta liviana y una camisa
vieja, celeste, a rayas

camina bajo el temporal
hunde sus botines de caza
con el opaco gesto que guardó -como todos- desde su infancia

la lluvia equivale a su elogio de lágrimas
y esa pobre vieja torpe
-es lo que piensa mirando adelante
con el brazo cercano al corazón cubriendo su camisay
esa pobre vieja torpe
es tu madre
el sitio donde te transfiguraste...

Cuando llego a la escuela industrial
donde vigilo la sangre de los niños
las secretarias me miran con piedad
(con ese amor destinado al que perdió su vida
y no lo sabe
al que perdió su vida y lo sabe)
y me prestan un peine y una toalla rota
esa misma en donde limpian sus aguas
de tintas y restas...

Estoy conforme
no quiero que nadie me dé nada
sólo abran las puertas del infierno

y yo caminaré hasta las pezuñas de oro
mojado por las memorias de la eternidad
ando pegado a la pared
para evitar la baja ceguera de los autos

una puerta se abre
y veo
los tormentos de un ambiente apacible
mujeres con mirada de taza
adolescentes contritos por la lluvia
el padre desnudo en su piloto
en esta situación animal descubro mi inocencia
madre
la ropa que me diste
ya la gastó tu hijo
comprando tu silencio
mírame ahora como siempre
soy ese hombre que camina bajo la lluvia

pensando en tantas cosas...

para Carmen Bruna

de su libro: Escuela Industrial


Alejandro Schmidt poeta y ensayista. Nació en Villa María, ciudad donde reside, en 1955.

Poesía

Las Bienaventuranzas - 1983
Clave Menor - 1983
Tajo en la Piedra - 1984
Elegías y Epitafios - 1985
Serie Americana - 1988
Arder - 1991
El Muerto - 1991
Dormida, Muerta o Hechizada - 1993
Nota de una Biografía Perdida - 1993
Entre los Muertos - 1995 (plaqueta)
Escuela Industrial - 1996
El Diablo entre las Rosas - 1996
Como una Palabra que Pudiste Decir - 1998
En un Puño Oscuro - 1998

Ensayo

Blanchard o el Aciago Destino - 1992

Dirige la Editorial Radamanto y sus colecciones, Alguien Llama, carpetas de poesía argentina, Palabra Sola, pliegos de poesía mural y Plaquetas del Herrero.

*******************************************************

Agua Clara

Momento de la entrega a uno de los
ganadores, de manos de la poeta Silvia
Arzac y Hugo D´Andrea.

El día sábado 22 de julio, en el salón de actos de la Municipalidad de José C. Paz, la revista "Agua Clara", que dirige Hugo D´Andrea, festejó su primer año de vida. Rodeado de amigos y poetas arovechó la oportunidad para hacer entrega de los Premios del Primer Certamen Literario de Poesía y Cuento Breve que organizara esta publicación.
La entrega de los mismos estuvo a cargo del director de Agua Clara y de la poeta Silvia Arzac, una de los jurados del certamen y Coordinadora del Ciclo de Poesía del Café Literario Alfredo Martino. Los galardonados fueron:
Cuento Breve
1° Premio: El cuento "Custodios" de Carlos Andrés Amaya de San Nicolás, provincia de Buenos Aires. 2° Premio: El cuento "La Hora del Regreso" de Gloria Padin de Ituzaingo, provincia de Buenos Aires. 3° Premio: El cuento "El Pobre Pedro" de Juan C. Pomponio de Ranelagh, provincia de Buenos Aires.
La mención de Honor fue otorgada a "Tose y Carraspea" de Eloísa H. Moyano de Adrogué, provincia de Buenos Aires.
Y una Mención Especial para "Zapping" de María C. Chumilla de Vicente López, provincia de Buenos Aires.
En poesía los galardonados fueron los siguientes:
1° Premio: "Ella hace la noche" de Adolfo Zutel de Adrogé, provincia de Buenos Aires. 2° Premio: "¿Por qué se mueren los paraísos?" de Ana Abrutzky de la Ciudad de Córdoba. 3° Premio: "Lampara erótica" de Juan C. Pomponio de Ranelagh, provincia de Buenos Aires.
La Mención de Honor se le otorgó a "Hasta que sea tarde" de Hilda Norma Vale de Ituzaingo, provincia de Buenos Aires.
Y una mención especial para "Recuerdos cruzados" de Juan Salica de Los Polvorines, provincia de Buenos Aires.
Todos conocemos bien, el gran trabajo que da editar una publicación de estas características, también todos sabemos la gran satisfacción que nos brinda, el poder festejar un año rodeado de amigos y de afectos literarios. Vaya un gran saludo de La Bota Literaria para los amigos de Agua
Clara
, que sean muchos los años que se sigan sumando al aporte de las nuevas y buenas letras.

Claudio González Baeza

*********************************************************

La bolsa


Debimos comprenderlo mucho antes. En realidad, no había motivos para la sorpresa. Hasta podía pensarse como un anhelo natural después de tanto tiempo de separación y con 15.000 kilómetros de distancia.
Lo había decidido. En estos cinco años (casi seis, me corrige A urora) fantaseamos con la idea y es probable, incluso, que la hayamos estimulado.
Nos hacia bien creer que la verdad queríamos su visita. Sin embargo, siempre supimos encontrar una buena excusa. Razones lógicas, claro está; primero, la búsqueda de departamento; luego las visas sin que pareciera exilio, un trabajo más o menos seguro, los estudios de Aurora, y así hasta: "Queridos hijos: tengo para darte una buena noticia: Dios mediante, en una semana estaré en ésa, donde espero..."
Aurora odiaba y condenaba con esos ojos que usa para decir sin hablar: -la culpa es tuya, tendrías que haberlo previsto y ahora qué hacemos. "...pienso permanecer contigo unos quince días, ¡te extraño tanto! ¿Cómo no viniste cuando papá...? No, mejor no digo nada; ya sé, no te gusta que mencione esas cosas pero de todos modos ¿por qué...?" Nada nos era menos necesario a cinco años de escape (casi seis, me corrige Aurora) que la visita de mi madre. "...la tía Juliana cada vez peor; su enfermedad avanza con los años y, a pesar de lo que diga el medico, yo creo que no pasa de..." Llegó en el vuelo del miércoles. En el taxi, desde el aeropuerto, supo cuidarse de mostrar la bolsa; sus ojitos se animaban con la tensión que ella aumentaba o disminuía alterando ritmos avaros o complacientes en sentido inverso a los requerimientos de nuestra ansiedad. Ella sabía, ella graduaba las expectativas, ella decidiría cuándo.
Con Aurora pasamos la víspera de su arribo organizando un plan defensivo. Era bueno, calculado simple y fríamente, sin piedad. Tantas veces lo repetimos y con tanta seguridad que llegamos a sentirnos impenetrables: la inundaríamos de paseos, le ahogaríamos con todo y la bolsa en el Caribe y Acapulco; llenaríamos su boca de comidas exóticas, no permitiríamos que abriese la bolsa; la llevaríamos, haríamos...
Al primero que sacó fue a papá. Era su segundo café en casa, recién llegada, las maletas en el suelo.
No nos dimos tiempo y al primero que sacó fue a papá.
Con suaves movimientos malabares lo hizo aparecer desde el fondo de una bolsa sin fondos. Su canto de sirena acometía al detalle un cráneo impúdico, los ojos silenciosos, el pañuelo final acompañando el mentón, con nudo en la cabeza. Nos lo fue dando de a poco, con grave deleite embelesado; enseñándonos cómo y por qué su vientre canceroso, cómo y por qué el sexo desaforado y fláccido, cómo y por qué las piernas imberbes y promiscuas, los deslucidos pies amarillentos.
En estos cinco años forasteros (casi seis, me corrige Aurora) mucha gente vino a
visitarnos. Todos portadores de una bolsa igualmente destemplada, perversa; más
ninguna podía comparase con la que defendían las implacables espaldas de mi
madre.
Quizás la diferencia estribara en que los demás nunca les permitimos abrirlas en la casa; en un café tal vez, en una guitarreada, pero nunca en la casa. Con mi madre pensamos... Pero ella sabe, ella maneja todas las formas de la vergüenza, los temores.
El siguiente fue Daniel. Era la quinta noche y, con desesperanza, pensamos que mamá desistiría. El siguiente fue Daniel y lo sacó entre el postre y la guitarra de Carulli, en el remanso justo que deja resquicio a la imaginación (ella sabe). Estaba impresionante: siete balazos en círculo le borraban la cara adolescente. La bolsa se fue abriendo cual mágica galera en medio de una nube apestosa, irrevocable; los gritos de Daniel se componían sobre las notas del concierto y -lo que era peor- la armonía sonaba casi perfecta. Detrás de él exhumó a cinco compañeros de militancia; por suerte, sólo conocíamos a tres. Los apilamos en el sofá.
A diez días de su llegada no cabian en el departamento; con la mejor buena voluntad tuvimos que acomodarlos en cualquier rincón: el aparador de la cocina era rústico hospedaje para la muerte de la tía Amanda; sobre la cama matrimonial olían papá y el policía del quinto "B"; en el baño grande debajo de la ducha e irremediablemente muerta de un ataque al corazón, la flaca Marina se deshacía en disculpas por ocasionarnos tanta molestia involuntaria; en el cuarto de los niños sentamos el cadáver del cura Carbajal, aquel de la marcha pacifista.
Mamá marcaba la rutina sin escrúpulos, amorosamente.
Muchos otros esperaban su turno dentro de su bolsa; gente que creíamos haber dejado en la partida; lejos, en el paisito miserable y bello.
A los catorce días, Aurora tuvo una excelente idea: -Basta de huir -me dijo-, al menos de esa forma desalojaremos la casa.
Para variar tenia razón y a la siguiente hora ya habíamos tejido nuestra propia bolsa.
-A qué seguir fingiendo- accedí, y acaso tuve tiempo de volver hacia atrás cuando mamá ordenaba el horror de la siesta.
Para entonces ya había desenterrado a Carlos, el del taller; a Sapito, el ingeniero Wilde, al primo segundo de Bariloche cuyo nombre ni recordábamos; a Graciela mi maestra de tercero...
La despedida fue cordial. Sencilla y lacrimosa, mi madre prometía regresar el año próximo.
Aurora y yo nos despreciábamos con una intensidad recién nacida aunque sintiendo que, al menos esta vez, los sentimientos coincidían.
Si; quizás el año próximo alguien vendrá de allá, se hospedará en la casa; dejará su bolsa sobre la mesa de la sala y al segundo café, recién llegado, con malicioso alivio sacará a mi madre.
Ernesto A. Bavio
San Carlos de Bariloche - Argentina
********************************************************

PRESENTACIÓN DE LA COLECCIÓN ORBITAL -
ARTE EDITORIAL



El día 2 de agosto se presentaron los dos primeros libros de la Colección Orbital de Arte Editorial. El encuentro tuvo lugar en Beckett Galería de Arte, de la calle El Salvador 4960 de esta capital.
La colección se inició con las publicaciones Día de Muertos, libro que combina dibujos, fotografías y textos de Eduardo Molinari y Diego Perrota.
El libro N° 2 es 40 Ilustraciones Byn, del artista plástico Daniel Roldán.
En la ocasión se realizó la proyección de diapositivas de Fernanda Lombardini.
********************************************************

El libro, ese objeto tan temido

Un día del frío invierno del año 1980, más precisamente el 30 de agosto, la dictadura militar, que
gobernó bajo los dictados del terror desde 1976, daba sus últimos "aletazos de ahogado". Continuando con su costumbre de silenciar las voces de quienes no se doblegaban a la tortura permanente, arremetieron contra la palabra escrita en la forma de libros. En un descampado de Sarandí, Avellaneda, se quemaron un millón y medio de libros y fascículos del Centro Editor de América Latina, también secuestraban y encarcelaban a su director y a sus empleados.
Todo este legado de terror, que fuera sembrado desde el último golpe militar, no solo a servido para reconocer el odio y la ferocidad con que actúo el ejercito argentino en los días más oscuros de nuestra historia, también sirvió para reconocer la importancia de la literatura, en todas sus formas y recordar que muchos escritores cayeron bajo las garras de esa furia militar; Haroldo Conti, Rodolfo Walsh, Francisco "Paco" Urondo, Héctor G. Oesterheld, etc.
Tenemos el deber de mantener viva esta parte de la historia reciente de nuestra América, para que hechos de esta naturaleza, no vuelvan a repetirse Nunca Más.
Este no es más que un sencillo homenaje a todos aquellos que cayeron creyendo en un mundo mejor, más justo, más solidario, en fin, un homenaje para los que creían que las hogueras no se alimentan de odios, temores o tortura, desaparición y muerte, para los que creemos, aún hoy, en
esa sociedad que no se alimenta de la sangre de los suyos, en esa sociedad que no reclama solo a sus hijos para el pago de grandes impuestos o para enviarlos a los campos de batalla.
Para los que creyeron y creen que el cambio es posible, para los que no queman ni quemaron libros, a todos ellos este reconocimiento.

Claudio González Baeza

*******************************************************

LIBROS RECIBIDOS


Luna de Perejil - Silvia Arzac - Ediciones del Autor - Buenos Aires - Argentina 2000.
Carroña Celeste - Horacio Castillo - Ediciones Delanada - Santa Fe - Argentina 1999.
Memoria que Olvidar Daño - Pablo Beker - Ediciones de la Pampa Chata - Junin - Argentina 1999.
Madre Oceánica Valparaíso - Ulises Varsovia - Ediciones Capitanía - San Gall - Suiza 1999.
Escuela Industrial - Alejandro Schmidt - Gato Bernaus Ediciones - Córdoba - Argentina 1996.
Del Señor S Solo Sueños - Jorge Dipré y J. P. Yakoncick - Ediciones No Muerden - Rosario - Argentina 1991.
Desfile de Monstruos - Pascual Antares/Rodolfo Álvarez/Jorge Dipré/Alejandro Schmidt y J. P. Yakoncick - Ediciones El Heresiarca & Cia. - Rosario - Argentina 1993.
Nuevos Pulsos - Alba Correa Escandell - Ediciones La Luna Que - Buenos Aires - Argentina 1999.
De Ayeres y Desmemorias - Alberto Luis Ponzo - Ediciones Araucaria/Signos del Topo - Buenos Aires - Argentina 1998.
El Diablo Entre las Rosas - Alejandro Schmidt - Libros del Empedrado - Buenos Aires - Argentina 1996.
Antología Cósmico-Lírica de Juventina Soler Palomino por Fredo Arias de la Canal - Frente de Afirmación Hispanista A. C., México 2000.
Antología Cósmica de Francis Sánchez por Fredo Arias de la Canal -Frente de Afirmación Hispanista A. C., México 2000.
El protoidioma en "El Horizonte nos Existe" de Ileana Álvarez González Estudio y Prólogo Fredo Arias de la Canal - Frente de Afirmación Hispanista A. C., México 2000.
Cuaderno Rojo - Javier Tandira - Colección de Ensayo y Narrativa "El Umbral del Jardín" - Buenos Aires - Argentina 1999. - Gentileza de Rolando Revagliatti.
Fundido Encadenado - Rolando Revagliatti - Ediciones Recitador Argentino - Buenos Aires - Argentina 2000.
Antología Cósmica de Adalberto Hechavarría Alonso por Fredo Arias de la Canal - Frente de Afirmación Hispanista A. C., México 1999.

REVISTAS RECIBIDAS

Vestite y Andate N° 11 - Directores J. Galarza y M. F. Simonetti - Estanislao del Campo 1845 (1605) Munro - Buenos Aires - Gentileza de Rolando Revagliatti.
Unión Revista de Arte y Literatura N° Especial 2/2000 - Director Jorge Luis Arcos - Calle 17 N° 354 - Vedado - La Habana - Cuba 10400 - Gentileza de Omar Felipe Mauri
La Espada Rota N° 26 - Director Jesús Salazar - Apartado de Correas 47854 - Zona Postal 1041 A. Of. Postal - Las Chaguaras - Caracas - Venezuela.
La Revista de Mar Chiquita N° 55 - Director Jorge A. Gómez - Pollensa 1561 (B4609LTA) - Santa Clara del Mar - Buenos Aires - Argentina.
Norte N° 412 - Director Fredo Arias de la Canal - Lago Como N° 201 Col. Anahuac - Deleg. M. Hidalgo 11299 - México D.F.
Repertorio Americano N°5 - Coordinador Julián González - Apartado 86 - Heredia 3000 - Costa Rica.
Arboleda N° 52 - Director Marcelino Arellano Albaceres - San Rafael 146 4° - 17008 Palma de Mallorca - España.
Francachela N° 15/16 - Directora Gloria González Espinoza - Editor Carlos Aranguiz Zuñiga - Casilla 34-D - Coyhaique - Chile.
Hojas del Caminador N° 47 - Directores Alba Correa Escandell-Alberto Luis Ponzo - Casilla de Correos N° 42 (1712) - Castelar - Buenos Aires -Argentina.
De Cierta Poesía - Revista Electrónica N° 1 - Director Jorge Dipré -Amenabar 885 (2000) - Rosario - Santa Fe - Argentina.
El Centavo N° 243 - Director Arturo Molina García - Xicoténlatl 53, Col. Chapultepec Norte, C.P. 58260 - Morelia, Mich. - México. Gentileza de Daniel Gutiérrez Pedreiro.
El Soplo y el Viento Nos. 8/13/16 - Director Roberto Aguirre Molina -C.C. 340 (3000) - Santa Fe - Argentina.
Agua Clara N° 10 - Director Hugo D'Andrea - Serrano 4132 (1665) - José C. Paz - Buenos Aires - Argentina.
*******************************************************

La Bota Literariaa
Buenos Aires - Octubre 2000
año I nº IV

Dirección

Claudio González Baeza

Colaboraciones

Gustavo Carmona - Ernesto A. Bavio - Alejandro Schmidt
José Repiso Moyano

La Bota Literaria es una publicación de:
Ediciones del Árbol
Dirección Postal
Blanco Encalada 4225 - C1430BOO - Capital Federal
República Argentina
Tel/Fax: (54-11) 4544-8952
Email:
cgonzalez1904@sinectis.com.ar

Hecho el depósito que establece la Ley.
Se permite la reproducción de las obras con la sola mención de
la fuente, remitiendo un ejemplar a la dirección de la Editorial.

No hay comentarios: